Ciencia y tecnología

RUMI SONCCO – CORAZÓN DE PIEDRA

Recordando a Carlos Dávila Herrera

Antropólogo y periodista

Puede decirse que la relación hombre-piedra data desde los tiempos más remotos de la humanidad, los pueblos más antiguos tuvieron largos periodos de desarrollo con uso intensivo y específico de la piedra, elaborando después monumentos que se conservan hasta el presente. En el Cusco existe una antigua tradición de cultura lítica, con edificaciones que, de algún modo, conservan la memoria de los tiempos ancestrales.

En la mitología andina la piedra fue considerada un elemento sagrado, telúrico que simbolizaba la trascendencia en el espacio y el tiempo (Pacha, en runa simi significa “espacio y tiempo” simultáneamente) dos aspectos de una sola realidad. La lengua del Tahuantinsuyo, runa simi (“lengua del hombre”) o quechua en términos étnicos, conserva hasta la actualidad multitud de referencias a esa cultura lítica con numerosos términos muy poco estudiados.

La cultura lítica de los incas debió expresarse en runa simi, sobre todo cuando decidían entre las diferentes piedras que utilizarían para edificar construcciones como Sacsayhuamán o Machu Picchu. Las nominaron por sus diferentes tamaños y colores; en cada forma en que se extraían, su estado final y su función definitiva, como es el caso del intihuatana, pieza monolítica que debió conocer muchas denominaciones, desde su cantera hasta su ubicación final y su función en el ámbito de Machu Picchu. Virtualmente se han perdido estas nominaciones, al igual que muchas otras creaciones.

El lenguaje lítico inca abarca también las tradiciones. Se cuenta que casi perdida la batalla, Yáhuar Huácac (Yawar Waqaq, en quechua) lloró sangre, por eso se traduce su nombre como “el que llora sangre”. Por su parte, Wayna Rumi es “joven de piedra” como también referido a “duro, poderoso o fuerte”. Podemos ver que en el runa simi existe una vastedad terminológica que se refiere a la cultura lítica quechua y que trata no solo de la denominación de los distintos tipos de piedras, sino también de los diferentes usos luego del proceso de transformación. Hay también derivaciones a partir del estadío inicial. Por ejemplo, Piedra, en runa simi es rumi, del que se derivan muchos nombres:

Hatun rumi : piedra grande

juchuy rumi : piedra chica

juchuychata : piedra chiquita, piedrita

juchuycha : piedra muy chiquita

ñutu rumi : fragmento, piedras desgranadas

Palabras en runa simi referidas a la simbiosis piedra-hombre:

Cari rumi : hombre de piedra

Warmi rumi : mujer de piedra

Wayna rumi : joven de piedra (duro de carácter)

Capac rumi : piedra rica, de mucho valor: hombre poderoso

Rumi ñahui : ojo de piedra

Rumi soncco : corazón de piedra

Rumi chaqui : pie de piedra

Runa rumi : piedra del hombre

Mayo rumi : piedra del agua

Pultin : onomatopeya, ruido producido al caer una piedra chica en el agua

Pultinnn : onomatopeya, piedra grande, sonido al caer un hombre u árbol al agua

Relativo a lo pétreo

Orco machu : cerro viejo

Orco cari : cerro hombre

Orco warmi : cerro mujer

Chincana : perderse, extraviarse en pasadizos de cavernas,

también “hasta que no haya” (hasta que no esté).

María Luisa Quintanilla, asesora en runa simi.

COCINA QUECHUA, LENGUAJE LÍTICO

Carlos Herrera Dávila

Antropólogo

Un ámbito donde aún se conservan topónimos líticos es en la antigua cocina cusqueña. Las piedras principales son el batán y los implementos utilizados para trabajar los alimentos, caso de las piedras para chancar, para moler o aplastar; algunos de estos instrumentos líticos continúan siendo utilizados en la actualidad.

Se emplean piedras de dimensiones manuales como instrumentos en la cocina cusqueña y se identifican con sus antiguos nombres: el batán o marán es la piedra plana, alargada y lisa, básica en la cocina y se fija en lugar estratégico, sobre ella se trabaja en la preparación de alimentos utilizando manualmente piedras como las collotas y el tunao.

María Luisa Quintanilla, experta en el uso del instrumental lítico, encontró casualmente una piedra de regular peso y muy consistente, algo aplanada en la base, con bordes irregulares en su circunferencia y una ligera elevación central hacia una punta roma. Se puede coger con una mano y darle diferentes usos: la base se puede utilizar para chancar carnes o granos, los bordes para tasajear y cortar hortalizas y el ápice para moler. “Con esta piedra se golpea o aplasta en el batán para hacer papa saqta, moraya saqta, shuño saqta. Su nombre es collota”. Y añade: “el tunay es una collota grande que se toma con las dos manos para moler granos u aplastar plantas, balanceándola sobre el batán. La variante del batán se llama mutua, tiene incisiones

cóncavas de diferentes tamaños, son de formación natural y se usan los hoyos independientemente”.

Todo el instrumental lítico de la cocina cusqueña es natural, tal como se les encuentra, o con ligeras modificaciones, y sirven para uso intensivo por tiempo indefinido. Además, confieren a la comida un sabor y olor muy apreciable. Cada instrumento de piedra y su uso en la cocina tradicional tienen su nombre en runa simi, tenemos los siguientes:

Batán o marán: Piedra plana, lisa y alargada sobre la cual se muele chanca o mezcla

Tunao piedra para moler sobre el batán, de tamaño regular, se coge con las dos manos y se balancea sobre los condimentos, hojas, plantas, etcétera.

Mutka : piedra plana, agujeread, con hoyos cóncavos.

Llatán : piedra para moler ají (ucho).

Chaquena : piedra chancadora.

Collota : piedra para chancar o machucar, de uso manual, de forma alargada, de base redondeada para moler condimentos, de base redonda para machacar papa (papa saqta), shuño o moraya (shuño saqta, moraya saqta).

CIENCIA LÍTICA DE LOS INCAS

Carlos Dávila Herrera

Antropólogo

En términos de la tecnología lítica de los incas, Waldemar Espinoza Soriano opina que los incas no desprendían rocas de las montañas, utilizaban bloques sueltos que arrastraban desde las canteras hasta los talleres de trabajo para ahí darles las formas deseadas. Marco Fernández Concha en un trabajo de geología describe los vestigios de piedras en proceso de labrado que se han encontrado, señalando que cortaban grandes bloques y que los perforaban para introducir cuñas de madera seca, a las que se le echaba agua y al ensancharse se partía el bloque en la forma diseñada por las cuñas.

Curiosamente, contemporáneos asiáticos de los incas utilizaron un sistema similar de cuñas con agua para la construcción de gigantescos templos de piedra, tanto en la India como en Mongolia, empleando también elefantes para movilizar las piedras sobre rodillos de troncos, también construían andamios de madera de plano ascendente para elevar los grandes bloques, pero este sistema resultaba impracticable entre los incas, por no contar con ese tipo de animales y porque las cuestas empinadas como las de Machu Picchu eran casi imposibles, por lo tanto, continúa siendo un

misterio cómo trabajaron los incas estas construcciones pétreas. El traslado de los bloques pudo resolverse con tracción humana, lo inverosímil es cómo ubicaron bloques gigantescos de muchas toneladas de peso en el conjunto, por ejemplo Sacsayhuamán, lo que seguramente era parte de una técnica e ingeniería que hasta hoy nos es desconocida.

Como herramientas para las construcciones, según la periodista Clara Rojas, emplearon martillos de piedra. Eran bolas de todo tamaño y forma, no necesariamente con mango, además de herramientas de cobre. Cada martillo tenía una finalidad: labrar, raspar las esquinas, pulir; todo a percusión y siguiendo los diseños elaborados a escala en maquetas de barro.

La tecnología lítica inca es una herencia cultural que proviene de los orígenes de la civilización andina y cuyos vestigios más remotos están en Cotosh (Huánuco), Chavín (Ancash), Sechín (Casma), así como en Tiahuanaco y Huari. El mayor desarrollo tecnológico alcanzado por los incas les permitió construir gigantescos conjuntos pétreos, de gran belleza y con un profundo significado mítico y simbólico e, incluso, político.

La complejidad tecnológica inca es evidente en sus numerosas y diferentes construcciones de todo tamaño y forma. Sin embargo, se ignoran sus métodos y formas de trabajar la piedra. De lo que se sabe puede colegirse que utilizaron bloques de piedra muy dura y consistente (granito), pero no solo estas; emplearon muchos otros materiales que, por lo común, podían ser piedras poligonales originales de canteras para construcciones monumentales como Machu Picchu o Sacsayhuamán, ciudadelas, almacenes, adoratorios (como Kenko), recintos administrativos y defensivos. Por alguna razón utilizaron monolitos en el labrado de figuras (intihuatana) y en algunas figuras trapezoidales, posiblemente de connotaciones míticas.

La cultura lítica incaica tiene también expresiones en la tradición oral, veamos dos ejemplos: en la leyenda de los Cuatro Hermanos Ayar, Ayar Cachi tenía una honda con la que lanzaba piedras que podían derribar cerros y hacer surgir lagunas. Temerosos de su poder, sus hermanos lo encerraron en una cueva en Pacaritambo, sellando la entrada con grandes bloques de piedra.

Ayar Uchu se transformó a sí mismo en efigie de piedra, que se ubicó en la Huaca Huanacauri. Ayar Auca, al pisar la tierra sagrada del Cusco, también se transformó en piedra. Y quedó solo Ayar Manco (Manco Cápac), quien fundó el Cusco. Esta tradición es explicada por María Rostworowski: “Adoptar la forma lítica era, en el ámbito andino, una manera de perpetuar la divinidad o de sacralizar un personaje”.

La victoria de los quechuas en su guerra con los Chancas fue posible porque, estando en grave riesgo en la batalla, las piedras se transformaron en guerreros, llamados Pururaucas, quienes inclinaron la lucha a favor de los incas. Este relato tiene que ver con la fuerza y perpetuidad asignada a las piedras desde tiempos ancestrales y que continúa vigente en la mitología incaica, así como representada en sus construcciones.

Corrección del texto: Cecilia Otálora