Opinión

LA IMPERFECCIÓN DE LAS “IDEAS PERFECTAS”

Por: Guillermo Vidalón del Pino

El mundo de las ideas presenta diversas motivaciones para los investigadores y filósofos sociales, para que traten de entender cada aspecto de la vida de las personas, así como de la colectividad de la que forman parte. Desde el nacimiento, los individuos tejen con su entorno social una trama de relaciones que los estimulan a afirmarse o cuestionarse acerca de su ámbito de libertad, igualdad y justicia.

Empero, lo que resulta un ejercicio interesante desde la perspectiva del conocimiento puede convertirse en un gran boomerang en contra del estímulo a la creatividad, la innovación y el desarrollo económico. Todos estos elementos resultan positivos porque han demostrado, en múltiples oportunidades, su orientación hacia la satisfacción de necesidades concretas de la sociedad, más allá de sus características disruptivas.

No obstante, hay quienes confrontan esta perspectiva señalando que el crecimiento económico tiende a la concentración y, por lo tanto, propiciarían la desigualdad; en consecuencia, también propiciarían la injusticia. La realidad demuestra lo contrario. El mayor estímulo a la creatividad son las condiciones de libertad en que los científicos desarrollan su trabajo. Un investigador que se sienta constreñido en su ámbito (por estar sobrerregulado) dedicará mayor atención al cumplimiento de reglamentos (formulados por quienes no investigan), antes de que a su objeto de estudio.

Por ende, la libertad es condición indispensable para la creatividad. Y en la esfera política, el ejercicio de la libertad se denomina democracia. La democracia es el balance de poderes, entre pesos y contrapesos que permiten garantizar la libertad de todos los grupos. Y sin caer en el libertinaje, que termina por abolir la democracia.

La creatividad, al ser disruptiva, promueve el cambio hacia un estado de bienestar superior precisamente porque reflexiona sobre lo vigente para proponer un cambio más inclusivo, más igualitario, más eficiente. Un cambio que puede originarse como consecuencia de un estímulo económico, pero que definitivamente tendrá consecuencias sociales. Quizás el mejor ejemplo lo constituye Internet, sistema que facilita el intercambio de información en tiempo real entre miles de millones de personas en el mundo, según sus respectivos grupos de interés. Internet es el invento que está dando oportunidades reales de libertad, igualdad y justicia a millones de personas; inclusive a quienes se encuentran sometidos por tiranías, porque les permite comunicar qué es lo que realmente sucede en sus países a los otros ciudadanos del mundo.

Sin embargo, desde áreas del conocimiento más subjetivas, hay quienes dejan de lado el análisis sistémico, integrado, para destacar —en función a sus motivaciones ideológicas y ansias de poder— algún aspecto en particular. Por eso es que se resisten a reconocer el avance en la calidad de vida que ha producido el desarrollo económico de los últimos 25 años. Por eso es que sus análisis se centran en la desigualdad y construyen ideas para promover el cambio de modelo hacia un “modelo ideal”.

Lamentablemente, ese “modelo ideal” atenta contra los principios de libertad, igualdad y justicia, porque al ser concebido como perfecto resulta estático. Entonces se promueve el igualitarismo que inhibe la investigación y los procesos de cambio. Y su expresión política es la tiranía. Por lo tanto, se aleja de la justicia, la libertad y la democracia.

Lo peligroso de las “ideas perfectas” es que se hagan tangibles. En el Perú, así como en otros países, la difusión de la perfección de las ideas se inicia en el ámbito académico, donde los “perfectos” imponen su intolerancia al excluir de los espacios de debate a quienes manifiesten puntos de vista discordantes. Una vez que copan la academia, restringen el debate de las políticas públicas al ámbito de sus particulares puntos de vista, pues todos los demás están equivocados.

Lo que sigue es el diseño de su estrategia para implementar sus propuestas políticas: sociedad civil, ciudadanos organizados, proyección de sus voceros como expertos para lograr su posicionamiento en los medios de comunicación. Estos expertos pueden o no coincidir con sus puntos de vista, pero les brindan la exposición que persiguen, facilitándoles futuras prácticas lobistas. De allí a la acción política pública hay solo un paso, y las consecuencias de la aplicación de sus ideas terminan por descarrilar la economía, empobreciendo al conjunto del país.

Lamentablemente, en la actualidad hay pocos políticos que defienden abiertamente las ideas que facilitan el progreso. En cambio, optan por surfear en la conciencia social vigente, lo cual resulta muy peligroso de cara al futuro. Recordemos que la expresión más tangible de las “ideas perfectas” se presentó en los claustros universitarios en los años setenta, enarboladas por los grupos subversivos, los que ocasionaron el mayor derramamiento de sangre en la historia de la República.

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