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LA AGITADA VIDA DE LAS ESTATUAS HUMANAS CALLEJERAS

La actividad de estas estatuas humanas consiste en no tener “actividad”, su trabajo consiste en no hacer nada, no mover músculos ni extremidades, y a veces no pueden ni parpadear por la cantidad de maquillaje que utilizan para dar inicio a este cansado trabajo artístico. Mientras permanecen inmóviles esperando que alguien del público deje caer una moneda de cualquier valor para hacer un gesto, saludo o algún movimiento que no supera los 5 segundos.

Para muchos es un negocio pero en realidad es un arte poco valorado. Sin embargo, estos seres humanos, más que esculturas de carne y hueso, son actores que personifican su propio papel, mitad tragedia y mitad comedia, muy parecido al de nuestro país, el de mujeres y hombres de brazos y piernas caídos, o tal vez obligados a desplazarse hasta una esquina por la violencia e intolerancia.

Este arte no es tan fácil como parece, ellos se maquillan desde muy temprano para estar parados sin movilizarse durante horas, muchas veces soportando la indiferencia de las personas o las humillaciones de los serenos que los votan del lugar. Pero también hay algunas estatuas muy cómodas, sentadas, con la mano apoyada en un bastón y lentes para el sol, también he observado otras en centros comerciales y frente a grandes almacenes, vestidos de colores con carteles publicitarios.

Además una estatua no puede salirse de sus casillas, ni de su pedestal por ningún motivo; es decir si un espectador o transeúnte los empujara o simplemente lanzara una grosería o insulto, ellos tienen que mantenerse firme ante esto ya que es parte de la labor que realizan a diario. Sin embargo existen algunas personas que se atreven a burlarse o menospreciar el trabajo que estos hombres realizan en lugar de valorar el talento artístico.

Pero de blanco o multicolor, no puedo dejar de pensar en la multiplicación de estos seres, como metáforas de nuestro propio devenir, muda e inmóvil, como si fueran muertos en vida.

Hombres muertos en vida

Muchas veces hemos caminado por el centro de Lima y apreciado a estos hombres que están totalmente inmóviles pero a cambio de un pequeña moneda a la que ellos llaman “su voluntad”, mueven sus extremidades y continúan quietos por horas hasta que algún niño o buen samaritano se digne a dejarle otra moneda.

Son artistas callejeros que aparentemente están muertos en vida, cada día se multiplican más y por calles muy transitadas del centro de Lima se gana la vida.

Quienes más llaman la atención son las estatuas humanas, hombres pacientes y solitarios. Entre ellos, hay uno al que se conoce como “Pedrín” de 32 años, se me hizo raro descubrir su movilidad, pues hasta entonces siempre lo he visto como una estatua humana que no pestañea y apenas respira. Era un hombre pintado como de hojalata dorada, con indumentaria militar, subido en una caja.

Yo imagino que estos hombres deben terminar la jornada con dolores musculares, agujetas, agotamiento, hambre. Piensen en su trabajo: se trata de aguantar inmóviles

durante horas, a merced de la indiferencia y de la piedad y de la burla de los ciudadanos, de las inclemencias del tiempo y del aburrimiento. Es cierto que así pueden aislarse del mundo y perpetuar su soledad interior. Pero a cambio no hablan, no se mueven, sólo observan y esperan.

Por: Lorena Rojas R.