Dr. José Esquerra La Torre

ESTUDIOS SUPERIORES, PALABRA Y HOGAR

Dr. José Esquerra La Torre- Kiara Esquerra Ferruzo

Saludos al Sr Salomón Lerner Febres por su artículo Universidad, Palabra y Ciudadanía escrito en el 29 mayo del presente año en el diario la república, me trae a colación mi desempeño y preocupación como Director Académico universitario hace más de 15 años, igualmente me ha sido muy útil como tema de conversación y reflexión familiar en la reunión que se presentó en mi hogar el 22 de junio, fecha que tiene cierta trascendencia en la familia, dicho sea de paso nuestras reuniones son ocasionales en fechas transcendentales por los múltiples quehaceres académicos como laborales, de cada miembro de la familia. Me parece muy interesante lo comentado por el Sr salomón Lerner, dichos artículos no deben quedar en el fondo de un papel o en las pantallas de una laptop, deben ser comentados y trasmitidos a las personas que Uds. estimen y consideren que deben aprender y para la trascendencia de estas ideas y así hacer que estos artículos reboten en su utilidad. Se empezó haciendo una pequeña historia.

Le comentaba a mis hijos, José, Jean Pierre, Jean Claude, Kiara que cuando me desempeñaba como Director Académico de la Universidad en la provincia de Casma tenía mi propio protocolo de avances académicos y personales para los estudiantes de las diferentes facultades, es por ello que hacia visitas mensuales a las aulas de las diferentes facultades en plena clase, pedía permiso al docente para poder permanecer 10 minutos en clase escuchando al docente y las intervenciones del estudiante, luego preguntaba a cualquier estudiante si me pudiera mencionar las 2 últimas palabras nuevas que haya incorporado a su léxico en el presente bimestre, y que este usando en sus conversaciones, para su mejor comprensión y entendimiento cuando se expresa, casi siempre obtenía una respuesta negativa mayormente, no había incorporado en el periodo de 2 meses ninguna nueva palabra, por lo tanto pedía al docente que pasara por mi despacho para reflexionar, mencionando al docente, como aceptaba que el estudiante se expresara de forma inadecuada. Esta es una manera de hacer que el estudiante que dirigíamos en la universidad se enriquezca en su vocabulario, desde la misma perspectiva la tiene el artículo escrito por el Sr Lerner para un grueso de la ciudadanía tanto lectores de la Republica como de Perú al Día.

Nuestra sociedad está enferma con una inseguridad ciudadana galopante, con unos Políticos que no contribuyen en mejorar la sociedad porque es imposible ponerlos de ejemplos para los niños y jóvenes, con una participación muy tibia de nuestros profesionales salvo excepciones, estos artículos son muy necesarios para retrasmitirlos a nuestros jóvenes partiendo de nuestros hogares, es por ello que reescribiré el articulo completo del Sr Salomón Lerner Febres en este medio que hay muy buena audiencia y si los padres de familia lo pueden retrasmitir a sus familiares estarían contribuyendo a inquietar a los jóvenes a cambiar de actitud se los dejo para que lo disfruten.

Sabemos que entre los grandes enemigos de la democracia y de la salud de la cosa pública se hallan los fenómenos de la corrupción y el de la seguridad ciudadana. Previas a esas patologías sociales y a otras igualmente nocivas hay una mayor que, justamente, contribuye a que padezcamos esos males. Se trata, a mi juicio, de lo que podríamos llamar “la degradación del lenguaje”, fenómeno que se presenta como reto que desafía a la educación en general y a la universitaria de modo más preciso. Ello porque la institución comprometida con la ciudadanía como lo es la universidad, debe ser vigilante continúa del poder comunicante y de la misión ética que encierra la palabra. Antes que educar profesionales, antes que dar títulos a ingenieros, abogados o economistas, la universidad forma personas y la persona es el individuo trasladado hacia la plenitud de su identidad, reconocida por otros y por sí misma dentro de una comunidad.

Por desgracia, en las sociedades de nuestra región es cada vez más ostensible el deterioro de la palabra, tanto en los espacios de la vida pública como en los usos cotidianos de la cultura. No creo exagerar si afirmo que se va imponiendo entre nosotros –en mayor o en menor medida– lo que podríamos llamar la insignificancia: pérdida del sentido, incomunicación, desapercibimiento de los compromisos que contraemos al dar nuestra palabra como autoridades o como ciudadanos corrientes, sordera ante la interpelación de los demás y sobre todo ante el clamor de los desposeídos o los excluidos, complacencia en el debate estéril, concentrado más en la interjección y el apóstrofe, acaso en la salida ingeniosa, que en el argumento y la demostración.

Es en esa insignificancia donde hay que buscar, pues, los más graves obstáculos para el avance de nuestras sociedades. Ahí se podría encontrar, por lo pronto, la raíz de nuestra por lo común atribulada y frustrante pugna por el desarrollo, lucha angustiosa y al mismo tiempo inconducente por la falta de entendimiento de nuestras comunidades políticas y la consiguiente ausencia de metas claras, aceptadas y queridas por electores y autoridades. Arruinado el diálogo cívico, nuestros canales para tomar decisiones públicas claras resultan, en efecto, precarios y, sobre todo, equívocos, es decir, remitentes no a uno sino a varios sentidos posibles, según la interpretación de cada quien, y por lo tanto, inútiles para la formación del consenso y para la unión de fuerzas y voluntades.

Quizá pensando en lo anterior fue que Octavio Paz escribió en El arco y la lira que “todo periodo de crisis se inicia o coincide con una crisis del lenguaje”, para agregar líneas más adelante que “no sabemos dónde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro”.

Frente a esa realidad vaciada de contenido, frente a la amenaza siempre vigente de la insignificancia, la universidad debe actuar en todo tiempo y en toda sociedad como el reducto y la fuente de la palabra con sentido. La discusión y la reflexión, el atesoramiento y la transmisión del saber, la construcción de puentes entre la meditación detenida y la acción que avanza están en su naturaleza desde siempre y siendo fiel a esa naturaleza una universidad es también leal con las sociedades que las albergan.

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